SUICIDAS Y ASESINOS

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martes, 17 de mayo de 2011

LA VERDADERA CAPACIDAD DE ARRASTRE POPULAR DE SENDERO LUMINOSO

Si bien la captura de Abimaél ocurrió en septiembre del 92,  en realidad el descalabro de Sendero Luminoso ocurrió poco antes, en concreto, cuando tal organización perdió su influencia en el campo por obra de los campesinos. estos, optarían por enfrentarse a los senderistas organizados en comités de autodefensa civil también conocidos como rondas campesinas. Esta sugestiva hipótesis es que la masificación de las rondas entre las comunidades campesinas, sobre todo cuando su introducción fue un acto de concenso entre los militares y los propios campesinos, a la vez que logró su cometido de aislar a Sendero Luminoso, le hizo perder el amplio control territorial que hasta fines de los años ochenta tenía sobre las regiones de la sierra: centro y sur.  Lo curioso es que este hecho pasó desapercibido para la opinión pública, debido a que entre los "senderólogos" y los periodistas causaron mayores impactos noticiosos el avance senderista a las zonas de producción de coca en la Amazonia y su penetración en los barrios populares de Lima. En otras palabras, los analistas políticos y los medios de comunicación contribuyeron a incentivar el mito de un "Sendero Luminoso triunfador" de la guerra interna cuando en realidad la coyuntura en el escenario donde ocurrió su apogeo, la sierra centro-sur, comenzaba a serle adversa. La pérdida progresiva de las comunidades campesinas a las que Sendero Luminoso consideraba sus aliados naturales en el campo, obligó a la agrupación armada a trasladar a principios de los noventa el escenario principal de sus acciones terroristas a la capital, incluyendo esta decisión el traslado de su líder y la mayor parte de su dirigencia a Lima. A la larga, esta medida táctica que denominaron como la "fase del equilibrio estratégico" fue el inicio de su repliegue y, finalmente, la captura de sus principales cuadros políticos.

Al respecto, Carlos Iván Degregori enumero los cambios estructurales que afrontó este sector de campesinos en  Ayacucho tras una década de violencia armada cuyo protagonismo no sólo corrió a cargo de Sendero Luminoso sino también de otros actores sociales. Los problemas más evidentes, según sostiene, son el derrumbe de su economía y la crisis de la estructura social urbana y rural. Pero además destaca como, otro legado importante de aquella refriega, a la generalización de los Comités de Autodefensa Civil (CADC) en todas las comunidades ayacuchanas. Si bien la introducción de estas organizaciones estuvo asociada inicialmente, al interés estrictamente militar, Degregori afirma que en la actualidad las rondas se han integrado a la dinámica interna de la organización social comunitaria. Tal afirmación se basa en dos estudios de caso que conforman el libro: Las rondas campesinas y la derrota de sendero.

En un pormenorizado estudio sobre el comportamiento de las comunidades campesinas en la región ayacuchana de Huanta, perfila la evolución del comportamiento de los campesinos ante la actuación de Sendero Luminoso. Si bien se reconoce tres momentos; primero, de asimilación pragmática del discurso senderista (1980-1982); segundo, de desencanto y adaptación en resistencia (1983-1987: periodo donde deciden trasladarse a otras regiones; por ejemplo, La sierra Central) y; tercero, de rebeldía abierta contra el partido maoísta (1987-1993) , el estudio constata la reacción no homogénea de los campesinos. Por ejemplo, constata que las comunidades que primero expresaron su desencanto frente a Sendero Luminoso fueron, paradójicamente, las más pobres: “ En contra de lo afirmado por el sentido común, se constata que no existió una correlación directa entre pobreza y apoyo a la actuación de sendero luminoso”. Curiosamente, fue en las comunidades pobres donde los primeros Comités de Defensa lograron derrotar a Sendero Luminoso.  Además ocurrió un hecho muy importante, “ … en los lugares donde las rondas campesinas se instalaron como resultado de un acuerdo entre la voluntad campesina y la política contrainsurgente de las Fuerzas Armadas, las rondas se asentaron lentamente dentro de la mentalidad comunitaria. Por el contrario, en los lugares donde las rondas surgieron bajo exclusiva compulsión militar, ellas fracasaron o desaparecieron.” De ahí que se concluye que si bien la experiencia de las rondas se asienta en la mentalidad de los campesinos ayacuchanos, éstas todavía no han llegado a formar parte de su identidad tal como ocurre entre los campesinos del norte del país.

En segundo estudio de caso, sobre la incidencia de Sendero Luminoso en el valle del río Apurimac, una región ubicada al norte de Ayacucho, añade a las constataciones del primer caso estudiado otra variable importante: la acción complementaria a las rondas de la prédica religiosa evangélica en la contención ideológica de la violencia y discurso senderista entre las comunidades campesinas. Pero se debe advertir que la generalización de las rondas en el valle, a diferencia del caso ayacuchano, se produjo como resultado del entendimiento coyuntural al que arribaron los productores de coca y las redes del narcotráfico. A ambos actores económicos les urgía lograr la completa extirpación de las huestes de Sendero Luminoso de la región. Tal objetivo se logró a fines de los años ochenta.

En síntesis, finalmente; los dos estudios de caso, desarrollan una serie de hipótesis acerca del fenómeno de las rondas campesinas en Ayacucho, Apurimac y probablemente en la sierra central. Así, Carlos Iván Degregori propone que su arraigo y éxito también se produjo como una consecuencia de la permanente contradicción entre el carácter prolongado de ocupación del espacio serrano para ganar bases de apoyo concebido por Sendero Luminoso y las formas ritualizadas del tiempo y el espacio mantenidas por la cultura andina, su identidad disímil inescrutable. Por su parte, Orin Starn, al enmarcar el fenómeno de las rondas campesinas en el terreno de los movimientos sociales, advierte que uno de sus límites ha sido el de extender la corrupción y el caudillismo en la relación entre las autoridades civiles campesinas y los militares. En suma, se pretende dar una mirada más cercana sobre el fenómeno de la violencia política en el Perú y su derrota por lo comités de autodefensa campesinas campesina (CADC) tal vez una mirada desmitificadora acerca de la verdadera capacidad de arrastre popular de Sendero Luminoso .
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