SUICIDAS Y ASESINOS

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miércoles, 25 de mayo de 2011

EL DIARIO DE CRAB DAHMER

21 de diciembre

 De regreso. Al transponer el umbral del cementerio, advirtió, que el anciano había desaparecido. Miro al rededor, hizo un esfuerzo a fin de traspasar con la mirada la oscuridad del ambiente, y, luego, volvió el rostro al escuchar una voz delicada que le decía:

_. Aquí estoy. … Atrás.

Allí estaba de pie, efectivamente: tenía el apariencia de un verdadero espectro.

_. ¡Sheet …!_. Dijo, caminando. _. ¡Abuelo, qué susto me ha dado…!

_.¿Eladio?. …verdad…?_. Respondió, trasluciéndose a través de su voz el acento de una alegría reprimida_. ¿Cómo se salvo? ¿El hermano Juan Ayala…. esta contigo?. ¿Huyo la hermana Sara Luz ?

_. ¿Señor …? ._ Le interrumpió al mismo tiempo que vaciaba el agua y metía el brazo dentro de la casaca de cuero._ No .soy Eladio …. .y tampoco sé de quienes me habla.

Se produjo un instante de penoso silencio, durante el cual el anciano parecía darse cuenta del significado de aquella situación.

_. Entonces …? Si. Cómo es que usted sobrevivió aquí ….

Antes de que pudiera contestar, surgió de repente el traqueteo vibrante de un helicóptero proveniente del norte, cuyo sonido iba aumentando de volumen a medida que se aproximaba, hasta que finalmente paso rasante, encima de ellos, y fue a extinguirse en el sur.”


Crab, se detuvo antes de proseguir la lectura. Trato de recordar la época en que su hermano había escrito aquella pagina. ¡Que inquieto estaba aquel día!. A cada momento consultaba el reloj. Protestaba amargado al ver a su madre llorosa. Le habían obligado a no desprenderse de ella y ahora, hacia gestos para reblandecerla. En aquel tiempo … probablemente él estudiaba los primeros trazos de su proyecto intimo; había adquirido y leído con impaciencia a Frederik Pohl - en “la Llegada de los gatos cuánticos” - a “Cronopaisaje” de Gregory Benford. (Cuantos deseos de conocerlos). Le hubiese gustado que nadie le acompañara hasta el aeropuerto. Rezongaba: “¡Pensaran que no salí nunca de viaje!”….

Al cabo de algunos minutos, un nombre le atrajo poderosamente la atención. Sin embargo, prosiguió leyendo sin preocuparse de lo que precedía.

“Ambos permanecieron inmóviles durante largo rato, con el rostro en alto, en actitud de enorme tensión. Aquella incursión trajo a la mente del estudiante la angustia de los días recientes. Era todo un vaticinio de mal agüero: el vuelo de las golondrinas al despertar, su rostro sonriente en el espejo trizado de la estancia …

_. Señor _. Dijo adelantándose un poco y escudriñando en la oscuridad la silueta del anciano _. Solo vine a caer accidentalmente, esta mañana.  ¡Estoy completamente solo! ….

El rostro del anciano adquirió un aire de concentración profunda.

Aun desde el punto de vista lugareño, aquel lado de la orilla era un paraje pedestre y grotesco. Parecía un conjunto de crucifijos de madera sobre soportes flotando en las oscuras aguas del arroyo, tenía su color y más o menos su firmeza. Lo único amparador era la fragancia de la flora silvestre que venía del bosque cercano de eucaliptos, alisos y  malvas. Tal ves una mezcla de todo eso, y mas aún


_ Esperaba a alguien, en el momento de su llegada. Y aquí debo continuar esperándolo. Vendrá pronto, estoy cierto de ello.

_. Pero, usted, abuelo …. ¿Me parecía que…?

_. Le suplico que por mi no se preocupe._ Dijo, interrumpiéndolo. _. Ahora en mi condición, no corro peligro de ninguna clase.

La respuesta le dejo intrigado. Se percató que las palabras pronunciadas por el anciano habrían tenido un significado distinto, de haber nacido de labios de otro ser, pero tratándose de éste, sentía una gran confusión al intentar adivinar su verdadero valor. A él, por consiguiente, poco le quedaba por decir o hacer.

_. ¿Se encuentra bien?_. Preguntó el anciano con suavidad, agregando, luego _. Se que los habitantes de este lado del arroyo, siempre dejamos mucho que desear. y sonreímos por ello. Así que hijo no debe hacer caso a lo que le digo ….


_. Si, esta bien, abuelo _. Replico en un tono de perplejidad vergonzante. Traspaso el umbral y se dirigió, torpe, al sombrío interior del cementerio, recostándose en un rincón, con la cabeza apoyada sobre las rodillas. Permaneció inmóvil durante algún tiempo, contemplando la oscuridad, absorto en averiguar el significado de fenómenos tan diversos. Musito, totalmente rendido: “Señor Erwin Schrödinger, aquí se halla oculto ahora su gato …y no precisamente en una caja… es una tumba”, y se quedo profundamente dormido.”