SUICIDAS Y ASESINOS

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lunes, 30 de mayo de 2011

EL DIARIO DE CRAB DAHMER


23 de diciembre

Al día siguiente, durante la mañana, le dedicó mas tiempo al estar pendiente del cielo y al más leve sonido en las copas de los árboles. Mientras tanto el anciano, vanamente limpiaba sus harapos, aunque sin resultado positivo. No podía entender la razón por el cual no lograba limpiarlas y; que, por lo contrario, estos seguían multiplicándose en inmundicia. Para el joven, era como si todos los seres humanos hubieran desaparecido y permanecido solo impregnados en el anciano y  sus jirones.

La catástrofe final, sin embargo, ocurrió precisamente al atardecer. La piel de aquel anciano, en el rostro y en las manos, había adquirido un color mas diáfano,  y se había adherido a sus huesos con tal tirantez, que parecía fácil de romperse con el menor roce. A medida que éste se hacia mas transparente, tuvo la sensación que su cerebro dejaba de funcionar con perfecta claridad, de manera que, a menudo, se apartaba y principiaba a hablar consigo mismo.

_. Lo dejaré aquí sentado _ suplico _. Es inútil….

Miraba atentamente aquel rostro vidrioso del anciano, enmarcado en su incipiente barba, con ojos mortecinos y la boca contraída en un rictus de dolor. Y por primera vez en su vida, fue preso de la duda. ¡De una duda horrenda! ¿Acaso se había abandonado frágil a su propia ilusión cuántica? ¿Seria posible que toda esa espantosa espera, en el anciano, era el signo de aquel estado vivo - muerto que siempre tuvo un significado trascendental para él y, que por lo contrario, ahora, en realidad era solo una espera inútil, en un paraje desolado?. Esta vacilación le causo tal sobresalto, que inmediatamente intentó perder al anciano. Este acto mismo restauro su fe, dejo de dudar de si mismo y empezó a dudar de aquel compañero. Aquella visión le parecía muy familiar _. ¿Había cometido algún error? ._. Se preguntó. Y ansiosamente trato de descubrirlo. Pero fue todo inútil.

La apariencia cinematográfica que diera los primeros rayos del sol a aquella ribera del arroyo se había desvanecido. Cuando el estudiante intento alejarse, el polvo junto a sus pies parecía haber ganado altura y sumergido algunos centímetros sus extremidades. El aroma de las malvas y eucaliptos habían dado paso a las  vaharadas de hojas chamuscadas, además, de un olorcillo agrio que provenía de un cercano montículo de excremento de bueyes. El anciano, que se hallaba en la misma posición que la mañana, ahora miraba absorto aquel montículo y a algunos despreocupados escarabajos que habitaban en su interior, dotándolo de vida.


_. Madre mía_. Musitó agitado. Luego, se incorporo y empezó a zarandear débilmente al estudiante.

_. Venga conmigo_. Murmuró al oído, con gran solemnidad _. Debemos dirigirnos al otro lado de este arroyo.

_. ¿Ahora qué ocurre? _. Musito el joven.  Mientras era remolcado con todo el vigor de que era capaz. Sus cabellos negros, casi del mismo color de sus ojos, caían en blandas ondas sobre su frente. Daba la impresión, sofisticado y levemente retraído, ser considerablemente mayor a sus veinte años.

_. Todo esta muy bien, nada mas hágame el favor de acompañarme._ Replico el anciano, con gesto de consuelo._ . Debemos apresurarnos …


_. Creí que regresar a ese infierno solo tenía un propósito impostergable. _. Dijo, a la vez que sonreía nerviosamente deteniéndose un tanto, para poder contemplar con asombro alguna señal de  aquella vieja estancia. _.  Pero siempre regresamos ...cierto? _. Preguntó _. Y probablemente sea el culpable, ese famoso cangrejo azul.

La sonrisa del anciano se hizo casi imperceptible: _. El cangrejo?. Sin duda, fue un presuntuosa pintura hace décadas atrás._ Dijo _. Pero por ahora, aquí en “Alabanda”,  uno … ya solo se esta infestado de ciertas  alimañas y escarabajos.

Empezaron a caminar con lentitud, deteniéndose a menudo El peso del cuerpo del anciano se hacia cada vez mas abrumador. Vaciló y dio un traspié, aunque no llego a caer al suelo. El joven continuaba en silencio, pero por fortuna no dejaba de caminar, obedeciendo infantilmente cuantas ordenes le daba el anciano. Esta actitud fortaleció grandemente el ánimo de éste. Arrastro al desdichado estudiante por la cuesta de la colina, a través de la oscuridad, caminando impaciente por la arboleda, sin alejarse del sendero que le era tan conocido.

El estudiante sentía que una decisión inquebrantable le impulsaba hacia aquel lugar donde él se había refugiado luego de desplomarse del helicóptero, en espera de que sonara la hora de su destino.  Dónde había sentido que irradiaba un albor mientras dejaba atrás, entre la maleza, oculta y caída, una silueta sombría, aquella mañana.

 El recuerdo se había disipado ya, pero  le parecía que había quedado un mensaje, la señal que él había implorado. Los esperaban en aquella estancia, en aquel lado del arroyo  y por eso ahora su corazón empezaba a sentir la convicción que su deber consistía en dejarse conducir por aquel extraño anciano, hacia esa colina.

Y por encima de su debilidad física,  estaba la convicción ulterior de que un sueño solo radicaba en el tormento de ese viaje, de regreso,  en compañía  de aquella figura encorvada del anciano, muerto - vivo, en tanto que un desenlace final, presentido, le esperaba en aquella estancia, ahora sacrosanta, bendecida por la presencia de aquella silueta sombría que dejara atrás, entre la maleza y aquel cuadro que reflejaba a Hécate habitada por un cangrejo: la suprema imagen del mundo de los sueños que surgía de las profundidades mas desconocidas e ingresaba al mundo visible a través de poderosas imágenes y sentimientos que no podían ser ignorados. Casi siempre cuando se esta agonizando.